Mis queridos amigos, me gustaría explicar la forma en que practico cuando estoy enfadado.

Durante la guerra de Vietnam, hubo mucha injusticia, y muchos miles, incluso amigos míos, muchos discípulos míos, fueron asesinados. Tuve mucha ira. En cierta ocasión supe que la ciudad de Ben Tre fue bombardeada por la aviación americana. Y la ciudad fue destruida. El militar que era responsable de esto declaró más tarde que tuvo que destruir la ciudad de Ben Tre para salvarla. Yo estaba muy enfadado. Pero en esta ocasión, yo era ya un practicante, un sólido practicante. No hice nada, porque sabía que hacer o decir algo mientras estás colérico es erróneo. Puede crear mucha destrucción. Regresé a mí mismo, reconociendo mi ira, abrazándola y mirando profundamente en la naturaleza de mi sufrimiento.

En la tradición budista, tenemos la práctica de respirar conscientes, de caminar conscientes, para generar la energía de la plena conciencia. Y es precisamente con esa energía de la plena conciencia que podemos reconocer, abrazar y transformar nuestra ira. La plena conciencia es la clase de energía que nos ayuda a ser conscientes de cuanto ocurre en nuestro interior y alrededor de nosotros, y cualquiera puede ser consciente. Si bebéis una taza de té y sabéis que estáis bebiendo una taza de té, eso es beber conscientes. Cuando inspiráis y sabéis que estáis inspirando, y focalizáis vuestra atención en vuestra inspiración, eso es la plena conciencia de la respiración. Cuando dais un paso y sois conscientes de que estáis dando un paso, eso se llama caminar en plena conciencia. La práctica básica en los centros de Zen, en los centros de meditación, es la práctica de generar la plena conciencia en cada momento de vuestra vida diaria. Cuando estáis coléricos, sois conscientes de que estáis coléricos. Porque ya tenéis la energía de la plena conciencia en vosotros y eso bastan para reconocer, abrazar, mirar profundamente y comprender la naturaleza de vuestro sufrimiento.

Pude comprender la naturaleza del sufrimiento en Vietnam. Vi que no sólo sufrían los vietnamitas, sino también sufrieron los americanos durante la guerra de Vietnam. Los jóvenes americanos que eran enviados a Vietnam para matar y ser matados padecieron mucho sufrimiento y el sufrimiento continúa hoy. La familia, la nación también sufren. Podía ver que la causa de nuestro sufrimiento en Vietnam no eran los soldados americanos. Es una clase equivocada de política. Es un error. Es el miedo que subyace en los fundamentos de esa política.

Muchos en Vietnam se auto inmolaron por el fuego para llamar al cese de la destrucción. No querían infligir dolor en otras gentes, ellos querían tomar el dolor sobre sí mismos para conseguir llevar su mensaje. Pero el sonido de aviones y bombas era demasiado ruidoso. No mucha gente en el mundo era capaz de escucharlo. Entonces decidí ir a América y llamar al cese de la violencia. Esto fue en 1966, y por eso fue que se me impidió volver a casa. Y he vivido en el exilio desde entonces: 1966.

Pude ver que el enemigo real del hombre no es el hombre. El enemigo real es nuestra ignorancia, discriminación miedo, ansiedad y violencia. No he odiado al pueblo americano, a la nación americana. Vine a América a abogar por una mirada profunda que permitiera que vuestro gobierno pudiera revisar esa clase de política. Recuerdo que me encontré con el Secretario de Defensa, Robert McNamara. Le expresé la verdad acerca del sufrimiento. Permaneció conmigo largo tiempo y me escuchó profundamente, y yo estaba muy agradecido por la calidad de su escucha. Tres meses después, cuando se intensificó la guerra, escuché que él dimitió de su cargo.

No había odio ni ira en mi corazón. Y por eso fui escuchado por muchos jóvenes en mi país, llamándoles a seguir el sendero de la reconciliación, y juntos ayudamos a realizar la nueva organización por la paz en París. Espero que mis amigos aquí en Nueva York puedan practicar igual. Comprendí, comprendo el sufrimiento y la injusticia y siento que entiendo profundamente el sufrimiento de Nueva York, de América. Me siento un neoyorquino. Me siento un americano.

Queréis estar presentes por vosotros mismos, estar con vosotros, no actuar, no decir nada, cuando no tenéis la calma. Hay técnicas que nos permiten regresar a nosotros mismos y practicar para redescubrir nuestra calma, nuestra tranquilidad, nuestra lucidez. Hay técnicas que podemos practicar para entender las causas reales del sufrimiento. Y esa comprensión nos ayudará a hacer lo que es preciso hacer, y no lo que podría ser perjudicial para nosotros y para otras gentes. Practiquemos la respiración consciente durante medio minuto antes de continuar.

En la psicología budista, hablamos de conciencia en término de simientes. Tenemos la simiente de la ira en nuestra conciencia. Tenemos la simiente de la desesperación, del miedo. Pero tenemos también la semilla de la comprensión, la sabiduría, la compasión y el perdón. Si sabemos cómo regar la semilla de la sabiduría y la compasión en nosotros, esa semilla, esas semillas se manifestarán por sí mismas como una poderosa energía ayudándonos a realizar un acto de perdón y compasión. Podríamos utilizarla para un recto alivio fuera de nuestra nación, hacia nuestro mundo. Esta es mi convicción.

Creo muy profundamente que el pueblo americano tiene mucha sabiduría y compasión dentro de sí.

Quiero que deis lo mejor de vosotros cuando comenzáis a actuar, por el amor a América y por el amor al mundo. Con lucidez, con comprensión y compasión, os volveréis hacia la gente que os ha causado mucho daño y sufrimiento y les haréis muchas preguntas:
“No comprendemos lo suficiente vuestro sufrimiento, ¿podéis explicárnoslo? No os hemos hecho nada, no hemos intentado destruiros, discriminaros, y no entendemos por qué nos habéis hecho esto. Debe haber mucho sufrimiento dentro de vosotros. Queremos escucharos. Debemos poder ayudaros. Y juntos podemos ayudar a construir la paz en el mundo.” Y si sois sólidos, si sois compasivos cuando hagáis esta manifestación, ellos os hablarán de su sufrimiento.

En el Budismo hablamos de la práctica de la escucha profunda, la escucha compasiva, un método maravilloso mediante el cual podemos restablecer la comunicación, comunicación entre parejas, comunicación entre padre e hijo, comunicación entre madre e hija, comunicación entre naciones. La práctica de la escucha profunda podría ser asumida por los padres, por las parejas, y así es posible entender el sufrimiento de otra persona. Esa persona puede ser nuestra esposa, nuestro marido, nuestro hijo o nuestra hija. Debemos tener suficiente buena voluntad para escuchar, pero muchos de nosotros hemos perdido nuestra capacidad de escuchar porque tenemos mucha cólera y violencia en nosotros. La otra persona no conoce qué clase de palabra utilizar. Ellos siempre reprochan y juzgan. Y el habla es muy a menudo agria, amarga. Esta clase de habla siempre tocará la irritación y la ira en nosotros y nos impide escuchar profundamente y con compasión. Es porque no existe bastante buena voluntad.

Necesitamos entrenamiento para escuchar profundamente con compasión. Pienso, creo, tengo la convicción que un padre, si sabe cómo escuchar a su hijo profundamente y con compasión, podrá abrir la puerta del corazón de su hijo y restablecer la comunicación.

En Plum Village, donde vivo y practico, aconsejo a nuestros amigos no guardar su ira más de 24 horas sin decirlo a la otra persona. “Cariño, yo sufro y quiero que lo sepas. No sé porqué me has hecho semejante cosa. No sé porqué me has dicho semejante cosa.” Es lo primero que deberían decir a la otra persona. Y si no están lo suficientemente calmados para decirlo, pueden escribirlo en un trozo de papel.

Lo segundo que ellos pueden decir o escribir es:
Estoy haciéndolo lo mejor que puedo.”
Esto significa:
Estoy practicando no decir nada, no hacer nada con ira, porque sé que si lo hiciera crearía más sufrimiento. Entonces estoy abrazando mi ira, estoy mirando profundamente en la naturaleza de mi ira.”

Decís a la otra persona que estáis practicando coger vuestra ira, comprender vuestra ira, para descubrir si esa ira procede de vuestro propio error, vuestra percepción errónea, vuestra carencia de plena conciencia y vuestra carencia de sabiduría.

Y lo tercero que debéis decirle a él o a ella es:
Necesito tu ayuda.”
Habitualmente, cuando estamos enojados con alguien queremos hacerle oposición.
Queremos decir:
“No te necesito. Puedo sobrevivir por mí mismo solo.”
“Necesito tu ayuda” significa: “Necesito tu práctica, necesito tu mirada profunda, necesito que me ayudes a superar esta ira porque sufro.”
Y si sufres, no hay forma de que puedas ser feliz, porque la felicidad no es una cuestión individual. Si la otra persona sufre no hay forma de que tú puedas ser verdaderamente feliz solo. Entonces, ayudando a la otra persona a sufrir menos, a sonreír, tú también serás feliz.

El Buda dijo: “Esto es así porque aquello es así. Esto es porque aquello es.”

Las tres frases yo propongo sean el lenguaje del verdadero amor. Esto inspirará a la otra persona a practicar, a mirar profundamente, y juntos conseguiréis el entendimiento y la reconciliación.

Propongo a mis amigos escribir esas frases en un trozo de papel y deslizarlo en su cartera. Cada vez que se enfaden con su pareja, o su hijo, o su hija, pueden practicar la respiración consciente, cogerlo y leerlo. Será una campana de la plena conciencia diciéndoles qué hacer o no hacer. Son las tres frases: “Sufro y quiero que lo sepas.” “Estoy haciéndolo lo mejor que puedo.” “Por favor, ayúdame.”

Todas las cosas necesitan alimento para estar vivas y crecer, incluso nuestro amor o nuestro odio. El amor es una cosa viva, el odio es una cosa viva.
Si no alimentamos nuestro amor, morirá. Si cortáis la fuente que alimenta vuestra violencia, vuestra violencia morirá también. He ahí porqué el camino enseñado por el Buda, es el de la paz y el consumo consciente.