Según los expertos en cuestiones lingüísticas, karma es un vocablo de origen sánscrito que se traduce al español como “acción” o “hecho”. Desde la perspectiva de algunas religiones dármicas, como ocurre en el budismo y el hinduismo, el karma constituye la energía que se desprende de cada una de las acciones del individuo y que condiciona a cada una de sus reencarnaciones hasta lograr la perfección.

 Las leyes del karma, por lo tanto, se basan en la idea de que cada reencarnación tiene influencias de los actos realizados en las vidas anteriores. Las palabras y los pensamientos, por su parte, también condicionan el karma.

Las religiones teístas que confían en la existencia de alma creen que la reencarnación es el traslado del alma de una persona en otra estructura física. Se trata, en definitiva, de una especie de trasmigración del alma.

El karma, entonces, es aquello que consigue establecer las condiciones bajo las cuales el individuo (o bien, su alma) regresará a la vida. El budismo y el hinduismo, de todas maneras, creen que hay un estado de sabiduría y pureza en el interior de cada ser humano que se conserva intacto y jamás deja de desarrollarse.

En este sentido, se viene a establecer que todo lo que hayas realizado en vidas anteriores se reflejará de un modo u otro en las siguientes. Así, por ejemplo, si una persona ahora sufre una serie de malformaciones o dolencias físicas eso se debe a que en el pasado, cuando tenía otra identidad, hizo un daño a alguien maltratándole o hiriendo con un arma.

Y lo mismo sucede en el sentido contrario. Es decir, se considera que si antes llevaste a cabo diversas acciones positivas y beneficiosas, en tu nueva vida disfrutarás, de un modo u otro, de todo lo bueno y positivo que realizaste en aquel entonces.

Algunos gurúes aseguran que los seres realizados tienen la capacidad de recordar sus vidas pasadas; las personas comunes, en cambio, no logran hacerlo. El recuerdo se mantiene, de todas maneras, almacenado y oculto en el interior del ser.

Varias escuelas budistas consideran que, por medio de la meditación, es posible lograr un nivel de superconciencia que se define como nirvana. Este estado representa el final de una vida regida por el karma.

Además de todo ello es importante que sepamos que el proceso de expansión del karma a lo largo de todo el mundo tiene su punto más álgido en el siglo XIX cuando dieron comienzo, por parte de Europa, distintas acciones colonizadoras que pusieron en relación su cultura con la de los países y lugares que hacían propios.

De esta manera, Occidente comenzó a dejarse influir de manera notable por religiones tales como el budismo o el hinduismo lo que se tradujo en la asimilación de ideas como este del karma que ahora estamos abordando.

Entre los personajes históricos más importantes que se consideran que estaban de acuerdo y a favor de estos principios que estamos desarrollando se encuentra Mahatma Gandhi. Un auténtico héroe nacional en la India que luchó siempre por acabar con la injusticia y lo hizo utilizando la paz y el diálogo.

Por último hay que decir que, en la cultura popular, el karma está asociado a la fuerza espiritual o al destino. Por ejemplo: “Otra vez me divorcié, parece que es mi karma”.