El séptimo chakra es nuestra energía más puramente espiritual. Es la fuerza que nos abre a la iluminación, pues completa el proceso de evolución devolviendo al universo la energía que crea nuestro ser individual.

 Volvemos a ser uno con el gran todo y estamos alineados con la expresión más sagrada de nosotros mismos.

En todos nuestros chakras superiores hay una conexión con el universo, nos aproximamos a la sabiduría y estamos en contacto con un orden sagrado. Pero el séptimo chakra completa el proceso, pues ya no estamos sólo en sintonía con el infinito: nos lleva nuevamente a ser uno con el. Regresamos a nuestra verdadera esencia. El fin último de la tradición del yoga y de todas las diferentes tradiciones espirituales, es llegar a este nivel de conciencia. Es ahí donde se da el verdadero estado de yoga.

Su nombre en sánscrito es Sahasrara chakra, que quiere decir “miles de facetas”, haciendo referencia a la naturaleza infinita de esta fuerza que nos abre a la divinidad. Su símbolo es un loto de mil pétalos que simboliza la espiritualidad y que viene de la imagen que produce al abrirse.

El elemento de Sahasrara chakra es el pensamiento y está relacionado con las funciones más elevadas de la mente.

 Nuestra conciencia se disuelve con la conciencia universal. Está ubicado en el centro de la parte superior de la cabeza y se abre hacia arriba. No es casualidad que haya imágenes de Buda, de Critos o de santos con una luz que emana de su cabeza, pues esta luz representa la apertura espiritual. 

Cuando el séptimo chakra se abre estamos en un estado de armonía, aún en el mundo pero sin estar a merced del mundo, sin importar lo que pueda suceder alrededor.

 Ya no percibimos nuestro propósito en esta vida, sino que estamos sintonizados con él de forma permanente. La sabiduría guía cada uno de nuestras acciones, pensamientos y palabras. Nos sentimos plenos, expandidos y protegidos porque somos una parte de algo grande y perfecto. También vivimos con la capacidad de apreciar la belleza de la existencia y con la confianza de que la vida tiene un orden superior. Nos rendimos ante este poder divino y asumimos sus cualidades.

Este chakra vibra de color violeta, asociado con la espiritualidad y la devoción, pero se describe además con algunos tonos dorados. También se asocia con el color blanco, que es la suma de todos los colores que existen. De la misma manera, el séptimo chakra es una síntesis de todos los demás chakras. Para que el séptimo chakra se abra hacia la trascendencia, necesitamos de cada uno de los chakras comenzando por los inferiores, (que dan forma a nuestro ser individual), el chakra del corazón (que nos abre a la universalidad e integra nuestro ser material con el espiritual), y nuestros chakras superiores (donde empezamos a tener un contacto más directo con el poder superior). 

Cuando ha habido un desarrollo armonioso de cada uno de los aspectos de nuestro ser podemos entramos en contacto con nuestro ser trascendente.

Sólo así el séptimo chakra puede abrirse y conectarnos con el infinito.

Como cada uno de nuestros nuestros siete chakras principales, este constituye una fuerza universal que nos permea y que actúa a través nuestro. Los chakras anteriores han actuado para darnos una visión que en conjunto, forman un ser humano equilibrado. Algunas de las capacidades que nos dan los chakras anteriores al séptimo, por ejemplo, son la estabilidad, la fuerza creativa, la voluntad, la compasión, la conexión con la voz interior y la intución.

Si se ha logrado un desarrollo del séptimo chakra de manera integrada y como parte de un trabajo espiritual profundo, este es el impulso que nos lleva a la unión con el infinito. Implica constancia y compromiso porque nuestra tendencia más primaria es a vivir en los chakras inferiores.

La espiritual es una fuerza que está en todo permanentemente y que constituye la esencia de todo lo que existe. Es el regreso a nuestra esencia. Sin embargo, necesitamos trabajar para alcanzar la realización, es decir nuestro máximo potencial en todos los niveles para alcanzar un nivel de conciencia trascendente. Para algunas tradiciones este despertar es espontáneo, porque es tan sencillo como superar la mente.

Es sencillo pero no es fácil. Aunque se trate simplemente de volver a ser lo que ya somos, las disciplinas como el yoga o las tradiciones espirituales como el budismo indican que implica constancia y compromiso. En otras palabras, son filosofías y sistemas científicos, pero al mismo tiempo disciplinas que nos muestra un camino.