Cuentan en el Mahabarata, uno de los textos hindúes más antiguos, que un rey muy noble le pregunta a su abuelo antes de asumir su cargo: “¿Quién es el verdadero amigo del hombre? ¿Es su madre, su hijo, su gurú, su compañero?”. A lo que el abuelo responde: “… el Dharma te sigue más allá de este mundo. El Dharma se queda contigo aún después de tu muerte. El Dharma es el único amigo verdadero”.

La palabra Dharma en sánscrito tiene muchos significados, incluyendo el PROPÓSITO DE VIDA, el camino correcto o virtuoso y la enseñanza del maestro. Estamos en Dharma cuando estamos alineados con el amor, la paz, la verdad, la justicia, la compasión, el servicio. Y estamos des-alineados con el Dharma, por ende estamos en Adharma, cuando mentimos, peleamos, o priorizamos a unos en detrimento de otros por motivos derivados del miedo.

Encontrar nuestro propósito de vida suena a algo que tenemos que HACER, pero en verdad tiene que ver con quienes queremos SER. Todos hemos nacidos para esto: caminar en DHARMA o, lo que es lo mismo, estar “alineados con nuestro propósito”. Y ese propósito, NUESTRO Dharma, es AMAR. Por ende NUESTRO camino de vida es el de aprender una y otra vez cada vez que nos alejamos de la acción amorosa. 
Esto puede sonar generalista y me dirán que cada persona es distinta y vino a manifestar un propósito diferente. Sí, es cierto, y esto no invalida que el fin último, el AMOR, sea el mismo para todos. En cada acto de nuestra vida podemos elegir entre DHARMA o ADHARMA, entre amor o miedo, entre aprender y estar abiertos o controlar y protegernosLa forma que adquirirá nuestro Dharma es única para cada individuoporque cada uno vino a aprender algo distinto y a manifestar el amor en un aspecto especial y único.

Una vez una gran y amada maestra me dijo que “somos como piezas de un gran rompecabezas, donde cada uno tenía un lugar único para ocupar. Cada pieza sólo puede ir en un lugar y si esa pieza no está, queda el espacio vacío”. Si todos ocupamos nuestro lugar y manifestamos nuestro propósito crearemos una imagen hermosa que perdurará eternamente. Por esto el Dharma de uno tiene una forma distinta al de otro. Por esto mismo no tiene sentido el querer ser o hacer lo que otro hace, por ejemplo. Por otro lado nuestro Dharma no cambia según donde estemos viviendo, o con quien nos relaciones o ni siquiera en qué ocupación elijamos trabajar, siempre el Dharma encontrará el camino. Aquello que vinimos a manifestar al mundo no pude contenerse y retenerse, sale en todo ámbito que transitamos y esto es absolutamente liberador. No hace falta NADA (externo o de forma) para manifestar nuestro propósito de vida, sólo estar conectado con quienes somos. Conocernos, saber quienes somos como pieza del rompecabezas, nos ayuda a saber que lugar ocupar. La clave para sentirnos plenos, en paz y con la mayor felicidad del mundo es OCUPAR nuestro LUGAR y vivir en DHARMA (versus ADHARMA). Esto empieza por una ELECCION, la mía es declararme APRENDIZ DEL AMOR, de la VIDA. Esto me permite abrirme a la posibilidad de aprender, de indagar en mis adentros cada vez que me alejo del Dharma, del amor, y obro desde el miedo. Seguro tengo buenas razones, heridas o patrones mentales, culturales o historias que me condicionan, pero, como decía Víctor Frankl, no me determinan. Yo siempre puedo elegir.

Muchos me preguntan cómo hacer consciente la elección cuando está tan instalada en nosotros como un hábito. Si el hábito va en contra de nuestro bienestar y nos aleja de nuestro Dharma entonces conozcamos cómo opera. Seguro podremos descubrir los “gatillos” que nos disparan hacia las conductas no amorosas. Una vez identificadas, pongamos ESPACIO entre los gatillos y nuestras respuestas automatizadas. Ante cada gatillo respiremos llevemos la atención al corazón y preguntémonos que es lo más amoroso que podemos hacer por nosotros. Sintamos la respuesta, porque sólo la respuesta dhármica, alineada con nuestros propósito y el amor nos hará sentir tranquilos y completamente seguros. El sentir es un gran barómetro de decisiones.

 

Con amor y gratitud,