Podríamos decir con seguridad que todos nosotros sabemos lo que significa la palabra “Namasté”. Ahora bien, te invitamos a que hagas con nosotros la siguiente reflexión… ¿ Piensas que hoy en día se practica la auténtica esencia de esta expresión ?

Nos atreveríamos a decir que no, porque en realidad, la palabra Namasté va mucho más allá de ese simple saludo, de esa muestra de respeto, de reverencia para reconocernos o decir adiós. Este término engloba en sus letras sencillas y sonoras todo un universo de emociones, de sentimientos y principios universales.

Hoy, desde el “Rincón del Tíbet” te invitamos a pensar con nosotros sobre ello, y sobre todo, a aplicar en tu día a día los siguientes principios.

Te doy las gracias y me reverencio ante ti

Hay muchas personas que al escuchar la palabra Namasté visualizan al instante una clase de yoga, como si solo estuviera adscrita a dicha práctica. En realidad, esta palabra que proviene del sánscrito se extiende como parte esencial de gran parte de la población de Asia del sur, y en especial, al Budismo.

No obstante, tanto si tus creencias son más religiosas que espirituales, o si no profesas creencia alguna y eres simplemente un gran curioso de las maravillosas culturas de este mundo, coincidirás con nosotros en que pocas palabras pueden llegar  ser tan universales y a vertebrar más nobles realidades que la palabra Namasté.

  • Es un acto en el cual reconocemos como persona a nuestros semejantes, celebramos su existencia y le damos las gracias por estar con nosotros, por formar parte de esta vida.

  • A su vez, el sencillo acto de dar las gracias, no supone solo reconocer al otro, también me reconozco a mi mismo como parte de ese intercambio de nobles deseos. Porque en realidad, todos formamos parte de un mismo TODO, somos una misma esencia con distintos corazones capaces de abrirnos a nosotros mismos y a los demás, para ofrecer amor y gratitud.

  • Si yo ofrezco las gracias y me reverencio ante mi prójimo, le estoy mandando buenos deseos, nobles sentimientos y el mejor de los respetos. Todo ello son emociones positivas, y es por tanto lo mismo que yo espero recibir. ¿De qué me sirve proyectar odios o rencores? ¿Por qué no dar las gracias si ello me hace la vida más fácil? No podemos olvidar que el odio, como el enfado nos hace prisioneros de nuestras propias emociones negativas.

El valor de reconocer a los demás

Pocas cosas son tan necesarias como ofrecer reconocimiento. Es una forma de dar aliento, de ofrecer una sencilla felicidad al celebrar que esa persona forme parte de nuestra vida, y a su vez de este mundo. DE ESTE TODO. Si yo reconozco a dicho ser, evito que sea invisible, le doy seguridad y valor, la envuelvo de mis emociones positivas, le ofrezco entereza…

Pensemos por ejemplo en esos padres que no reconocen el esfuerzo de sus hijos por sentirse queridos, por captar su atención. O a esas parejas que no reconocen el amor de sus cónyuges, que no ven esas pequeñas cosas que día a día hacen por ellos. “Si yo no me siento reconocido/a no me veo como parte de tu vida, no me siento importante porque no percibo tu cariño, tu reconocimiento…” La esencia del Namasté.

Abre los ojos y reverencia a quienes tienes a tu alrededor. Da las gracias por como son, por lo que hacen por ti, agradece que formen parte de tu vida porque ellos también son parte de ti, son piezas indispensables del maravilloso puzzle de tu vida.

El poder de la humildad

Suele decirse que solo las personas de corazón humilde son agradecidas. Puede que te suene a etiqueta de manual de autoayuda, pero te instamos a que pienses un poco sobre ello. En nuestro día a día nos limitamos a dar las gracias cuando hacemos una compra, cuando nos ceden el asiento en el autobús, cuando un amigo nos hace ese favor…

¿Practicamos con ello la esencia del Namasté ? En parte. ¿ Somos humildes por ello ? No del todo.

Te invitamos a poner en práctica este sencillo ejercicio, que sin lugar a dudas te va a ayudar muchísimo.

  • Detén tus obligaciones diarias, tus quehaceres. Deja a un lado ese enemigo llamado estrés que hace que se desdibujen las auténticas prioridades de tu vida. Deténte y coge aire… Lo único que importa es tu “aquí y ahora”, deja escapar el aire a través de un largo suspiro.

  • Pregúntale ahora a tu corazón qué siente. Pregúntale qué necesita. Éstas, son cosas a las que no solemos estar muy acostumbrados… Hazlo despacio y con calma, habla contigo mismo.

  • Estamos seguros de que en ese instante de privacidad con tu corazón, descubrirás todo aquello que tiene prioridad