Cuánto más nos ignora una persona, más nos llama la atención y lo que en un comienzo pudo ser solo una mirada, acaba por convertirse casi en una fijación.

Las personas somos cabezonas, insistentes y en ocasiones demasiado burras. Y en cuanto a relaciones se refiere, más. Lo que a veces es una virtud puede convertirse en un defecto. Es obvio que si no fuese por esa naturaleza, cesaríamos en nuestro intento cada vez que nos encontráramos algún obstáculo en nuestra vida, pero no es menos cierto (y más aún cuando del corazón se trata) que en ocasiones invertimos demasiado tiempo y esfuerzo en algo que desde un inicio se veía que no era una buena idea.

Y es que en ocasiones el amor, la atracción o como cada cual quiera llamarlo, nos vuelve ciegos. Cuánto más pasa de nosotros una persona, más nos llama la atención y lo que en un comienzo pudo ser solo una mirada, acaba por convertirse casi en una fijación y empresa personal. Cuando esto ocurre, las sensaciones despertadas son múltiples: anhelo, deseo, fantasía, rabia…

Da la sensación de que nos gusta sufrir más de la cuenta y que nos marcamos unos objetivos demasiado complicados.

Es cierto que es habitual tener idealizada a una persona que nos llame la atención y de la que no sepamos mucho. El atractivo y la forma de actuar hacen bastante, pero también nuestra imaginación, que se dedica a ensalzar más a alguien desconocido que si le conociéramos en profundidad, ya que posiblemente no despertaría en nosotros ni la mitad de interés. A veces, incluso, da la sensación de que nos gusta sufrir más de la cuenta y que nos marcamos unos objetivos demasiado complicados, pero es cierto que el éxito se disfruta mucho más si el camino es complicado.

Raro es que nunca nadie haya pasado por esta tortuosa sensación. Al igual que también es habitual que tras un determinado tiempo no se encuentre una respuesta al porqué de tanta fijación. Por estos motivos, se explican algunas respuestas a este interrogante.

1. Tienen un halo misterioso

Visten bien, tienen atractivo y no se sabe en qué pueden estar pensando. Parecen ser ajenos a todo aquello que pueda ocurrir alrededor y generan una energía y unas vibraciones que no consigue alcanzar ninguna de nuestras personas conocidas. La doctora en psicología Jill P. Webern indica en Psychology Today el potencial que tiene esa imagen de distanciamiento, pues genera una sensación de deseo y curiosidad mucho más fuerte que cualquier otra opinión que pueda tenerse.

2. A veces hacen caso y a veces no

Si cada vez que hicieras algo bueno te dieran diez euros, actuarías correctamente de forma habitual, pero si una persona decidiese cuándo darte los diez euros arbitrariamente, te preocuparías por obrar correctamente continuamente con él. Algo similar ocurre en la faceta amorosa. Cuanto más caso nos hacen, menos interés despiertan en nosotros. Más aún cuando de vez en cuando se deja entrever una especie de gesto amable, guiño o cualquier detalle que nos dé a pensar que realmente ha tenido interés en algo que hemos hecho o dicho.

Uno siempre se jura a sí mismo que el próximo gesto no correspondido se convertirá en la última vez que se intente llamar la atención del otro, pero a la mínima respuesta cercana por parte del otro se vuelve a generar un refuerzo positivo que impulsa a seguir trabajando para algo que quizá nunca llegue a buen puerto.

3. Dan pie a fantasear

Una persona con un físico agradable, que nos llama la atención y que no nos hace ni caso, se convierte matemáticamente en el candidato idóneo para fantasear. Si se tratara de alguien con quien se tiene una relación fluida, antes o después tendríamos algún problema, ya sean remordimientos o ganas de dar ese paso adelante, lo cual todo sería un auténtico suicidio. Mientras que si es esa persona misteriosa que no nos hace ni caso, no solo no habrá ninguna consecuencia negativa, sino que se reforzará por su halo misterioso.

4. Se convierte en una distracción

Marcarse como objetivo algo complicado y ajeno al resto de nuestras tareas nos sirve para desconectar de la rutina. Si además hay pasión de por medio, puede convertirse en una especie de pasatiempo sentimental. Es posible que ese interés nunca se vea correspondido totalmente, que se encuentre un objetivo nuevo o que cuando se llegue a consumar dicho propósito, este pierda interés.