Tu cuerpo es energía, al igual que tu mente y tu alma. ¿Cuál es la diferencia entonces entre los tres? La diferencia es tan sólo de ritmo, es sólo de longitud, eso es todo. El cuerpo tiene un volumen, su energía funciona de una manera visible.

La mente es un poco más sutil, pero aun así no demasiado, porque puedes cerrar los ojos y ver cómo se mueven los pensamientos; pueden verse. No son tan visibles como el cuerpo, éste es visible para todo el mundo, es públicamente visible. Tus pensamientos son privadamente visibles. Nadie más puede ver tus pensamientos; sólo los puedes ver tú, o personas que se han preparado especialmente para verlos. Pero normalmente no son visibles para los demás.

La tercera, la capa más importante que hay dentro de ti es la de la consciencia. Ni siquiera es visible para ti. No puede funcionar en armonía te mantendrás sano e íntegro. Si no funcionan así y determinan que estás enfermo, falto de salud, ya no eres íntegro. El ser íntegro es ser santo.

Mi empeño es ayudarte para que tu cuerpo, tu mente, tu consciencia puedan bailar las tres a un mismo ritmo, al unísono, en total armonía; sin ningún conflicto entre ellas, sino cooperando…

La consciencia es energía, pura energía; la mente no es tan pura, el cuerpo lo es menos aun. El cuerpo es demasiado mixto, y la mente tampoco es demasiado pura. La consciencia sí que es energía pura. Pero sólo puedes acceder a ella si haces de las tres un cosmos, no un caos. La gente vive en perpetuo caos: su cuerpo dice una cosa, quiere ir en una determinada dirección; su mente se olvida completamente del cuerpo porque durante siglos se le ha enseñado que no sea el cuerpo, durante siglos se le ha inculcado que el cuerpo es su enemigo, que debe luchar contra él, que tiene que destruirlo, que el cuerpo es pecado.

A causa de todas estas ideas tontas como son, dañinas y perniciosas como son, inculcadas durante tanto tiempo que han llegado a formar parte de la mente colectiva, no tienes la experiencia de sentir tu cuerpo en armonía danza contigo mismo.

De ahí mi insistencia en la danza y en la música, porque sólo con la danza sentirás que tu cuerpo, tu mente y tú están funcionando juntos. Cuando funcionan juntos, el gozo es infinito, la riqueza es extraordinaria.

La percepción es la forma más alta de energía. Cuando estas tres energías funcionan juntas, llega la cuarta. La cuarta se presenta siempre que las tres funcionan juntas. Cuando estas tres funcionan en una unidad orgánica, la cuarta se presenta; la cuarta no es otra cosa que esa unidad orgánica.

En Oriente la hemos llamado simplemente “la cuarta” turiya, no le hemos dado ningún nombre. Las otras tres tienen nombres, la cuarta no lo tiene. Conocer la cuarta es conocer a Dios. Digámoslo de esta manera: Dios aparece cuando eres una unidad orgánica y orgásmica. Dios no aparece cuando eres un caos, una desunión, un conflicto. Cuando eres un hogar dividido contra ti mismo, no existe Dios.

Cuando estás enormemente contento contigo mismo, tan feliz, como estás, tan gozoso como estás, tan agradecido como estás y todas tus energías danzan al unísono, cuando eres una orquesta de todas tus energías, surge Dios. Esa sensación de unidad total es Dios. Dios no es una persona que ande por ahí, Dios es la experiencia de las tres energías tomando cuerpo en una unidad tal que hace surgir la cuarta. La cuarta es más que la suma total de las otras partes.

Si examinas un cuadro, primero verás el lienzo y los colores, pero el cuadro no es simplemente la suma total del lienzo y los colores; es algo más. Ese “algo más” se expresa a través del mismo cuadro, el color, el lienzo, el pintor, pero ese “algo más” es la belleza. Si examinas una rosa, hallarás todos los elementos químicos y las cosas que la constituyen, pero no hallarás la belleza. No era la suma total de las partes, era algo más.

El todo es más que la suma total de las partes; se expresa a través de ellas, pero es más. Comprender que es más es comprender a Dios. Dios es ese más, ese plus. No es una cuestión de teología, no se resuelve mediante una argumentación lógica. Tienes que sentir la belleza, sentir la música, la danza. Y en última instancia debes sentir la danza en tu cuerpo, en tu mente, en tu alma.

Debes aprender cómo manejar estas tres energías para que formen una orquesta. Entonces aparece Dios; no es que veas a Dios, no hay nada qué ver. Dios es el supremo vidente, el máximo observador. Aprende a derretir tu cuerpo, tu mente, tu alma; halla los caminos para poder funcionar como una unidad.

Sucede muchas veces que los corredores… Puede que no concibas el correr como una meditación, pero los corredores han sentido algunas veces la extraordinaria experiencia de la meditación. Quedan sorprendidos porque no pretendían tal cosa: ¿quién va a pensar que un corredor va a sentir una experiencia divina? Pero ha ocurrido. Ahora correr se ha convertido cada vez más en una nueva clase de meditación. Puede brotar la magia al correr. Si has sido corredor alguna vez, si has disfrutado de ello por la mañana temprano, cuando el aire era fresco y joven y el mundo entero se estaba despertando, y tú ibas corriendo y tu cuerpo funcionaba de maravilla con el aire fresco, y el mundo estaba saliendo de nuevo de las tinieblas de la noche, y todo cantaba a tu alrededor, y te sentías tan lleno de vida… Llega un momento así en que el corredor desaparece, sólo queda la carrera. El cuerpo, la mente y el alma empiezan a funcionar juntos; se descarga de pronto un orgasmo interior.

Algunas veces hay corredores que accidentalmente llegan a experimentar la cuarta fase, la turiya, aunque no lleguen a aprovecharla, porque creerán que fue a causa de correr que disfrutaron de tal momento; que fue un día hermoso, que el cuerpo estaba sano y el mundo era maravilloso, todo se reducía a un estado de ánimo. Les pasará inadvertido. Pero si lo notan, opino que un corredor puede acercarse más fácilmente al fenómeno de la meditación. Trotar puede ser de inmensa ayuda, nadar también. Todos esos deportes deben convertirse en meditaciones.

Arroja las viejas ideas sobre la meditación, la noción de que la única meditación es sentarse bajo un árbol en postura de yoga. Ésa es sólo una de las maneras; puede ser adecuada para algunas personas, pero no lo es para todas. Para un niño pequeño no es una meditación, es una tortura. Para un joven que es vital, activo, es una represión, no una meditación. Puede que para un viejo que ha vivido la vida, cuyas energías están disminuyendo, resulte válida.

La gente varía; hay muchos tipos de gente. Para alguien que tiene un tipo bajo de energía, sentarse debajo de un árbol en postura de yoga puede ser la mejor de las meditaciones, porque la postura de yoga es en la que se gasta menos energía. Cuando la columna está erguida en ángulo de noventa grados con la tierra, tu cuerpo gasta la menor energía que es posible. Si te inclinas hacia la izquierda o hacia delante, entonces el cuerpo comienza a gastar más energía, a causa de que la gravedad te hace inclinarte hacia abajo y debes mantener el equilibrio, sostenerte bien para no caer. Esto es derroche. Está comprobado que una columna erecta necesita el mínimo gasto de energía.

Sentarse con las manos juntas en el regazo es también muy beneficioso para la gente con baja energía, ya que cuando ambas manos se están tocando, la electricidad del cuerpo se mueve en círculos. No sale del cuerpo; se convierte en un círculo interior, la energía se mueve en el interior.

Debes saber que la energía se libera siempre a través de los dedos, nunca lo hace desde cosas de forma redondeada. Por ejemplo, la cabeza no puede despedir energía, la contiene. La energía se emite a través de los dedos, los dedos de los pies y las manos. En algunas posturas de yoga los pies están juntos, por lo que la energía que descarga un pie entra por el otro; una mano descarga energía y pasa a la otra. Circulas tu propia energía; te conviertes en su círculo interior. Es muy descansado, muy relajante.

La postura de yoga es la postura más relajante posible. Incluso más que el sueño, porque cuando duermes, todo tu cuerpo se arrastra por la fuerza de la gravedad. Cuando se está en posición horizontal, la relajación es totalmente diferente. Lo es porque te devuelve a los viejos tiempos, cuando el hombre era un animal, horizontal. Es relajante porque es regresiva; te ayuda a convertirte de nuevo en animal.

Por eso en posición horizontal no se puede pensar claramente; resulta difícil pensar; para eso tienes que sentarte. Mientras más derecho te sientes, mayor será la posibilidad de pensar. El pensamiento es un recién llegado. Cuando el hombre llegó a ponerse en postura vertical, apareció el pensamiento. Cuando estaba en posición horizontal soñaba pero no pensaba. Cuando te acuestas comienzas a soñar; el pensamiento desaparece. Es una especie de relajación, porque el pensamiento se detiene; haces una regresión.

La postura de yoga es una buena meditación para aquellos que tienen una energía baja, para los que están enfermos, para los viejos, para los que ya han agotado la vida y se encuentran cada vez más cerca de la muerte.

Miles de monjes budistas han muerto sentados en la postura de loto porque la mejor manera de recibir la muerte es en esa postura, ya que en ella se permanece totalmente alerta, y como las energías se desvanecen, se van yendo lentamente. Está llegando la muerte. En la postura de loto uno puede mantenerse alerta hasta el mismo final. Estar alerta al morir supone una de las más grandes experiencias, el orgasmo definitivo.

Si estás despierto mientras estás muriendo tendrás una clase de nacimiento totalmente diferente: nacerás despierto. El que muere despierto nace despierto. El que muere inconsciente nace inconsciente. El que muere conscientemente puede elegir el útero adecuado; se ha ganado la elección. El hombre que muere inconsciente no tiene derecho a elegirlo; el útero surgirá inconscientemente, accidentalmente.

El hombre que muere absolutamente alerta en esta vida volverá sólo una vez más, porque a la siguiente no le hará falta volver. Queda muy poco trabajo por hacer: la otra vida se encargará de ello. Al que muere conscientemente, sólo le queda faltando una cosa: no ha tenido tiempo de irradiar la consciencia en forma de compasión. A la siguiente tendrá la oportunidad de hacerlo. A menos que la consciencia se transforme en compasión, algo permanece incompleto, algo permanece imperfecto.

Correr puede ser una meditación: trotar, bailar, nadar, todo esto puede ser una meditación. Mi definición de ella es: siempre que tu cuerpo, mente, alma están funcionando juntos al mismo ritmo, es meditación, porque atraerá la cuarta energía. Si estás atento a lo que estás haciendo como una meditación –no como si se tratara de las olimpiadas, sino haciéndolo como una meditación- entonces resulta extraordinariamente hermosa… Pero la base fundamental es, sea cual sea la meditación, cumplir con estos requisitos: el cuerpo, la mente, la conciencia, las tres deben funcionar como una unidad. Entonces de repente un día surge la cuarta: la testimonial. O si quieres, llámala Dios; llámala Dios o nirvana o tao, llámala como quieras. OSHO COMMUNE INTERNATIONAL